Esto ocurrió cuando Pablo tenía alrededor de 4 años.

De algún sitio, había sacado que él no tenía sangre y que en su lugar, lo que tenía era miel.

Cuando se caía y le decían: "tienes sangre", el respondía: "¡¡no tengo sangre, tengo miel!!".

Quizás esa sea una razón por la que a Pablo en la playa no le picaron los mosquitos:

no tiene sangre: ¡tiene miel!

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(*Todos los nombres y las historias aquí escritas son propiedades de la autora*).